En su justa medida

Por Isabel Flórez, Psicóloga  y Psicoterapeuta

Las ventajas o desventajas de que los alumnos lleven tareas para casa, mantiene abierto un debate que, de entrada, no parece de fácil solución.

El fomento de la responsabilidad, autonomía, esfuerzo, disciplina,  contextualización del aprendizaje en el aula y su utilidad como vía de conexión entre los padres y la educación de sus hijos está como base argumentativa entre los que abogan a favor de los deberes.

La escasez de estudios científicos que demuestren que hacer deberes mejore el rendimiento académico, la primacía de lo cuantitativo frente a deberes de calidad y la escasez de tiempo libre para “ser niños”, son parte de los argumentos de los que están en contra de las tareas para casa, que afirman a su vez, que son fuente de tensiones familiares y desigualdad social, donde los padres con mayor disponibilidad de tiempo libre, mayor nivel educativo y más recursos económicos, juegan con ventaja.

La imagen de un niño cuyas tardes transcurren en una mesa haciendo más y más ejercicios hasta la hora de cenar, me produce un enorme rechazo; el mismo que me produce la de un niño sin más iniciativa que pasarse las tardes delante de una pantalla. Creo que los deberes, pueden ser buenos, siempre que sean:

– Breves: limitando el tiempo en función de la edad del menor. El exceso de tareas para casa, en algunos casos, equipara las jornadas de los menores a las de cualquier adulto, lo que incrementa la probabilidad de padecer problemas de ansiedad, estrés, cansancio, desmotivación, entre otros .

– Personalizados: adaptándolos a las necesidades de cada alumno y tratando de reforzar y potenciar aprendizajes fuera del aula.

– Creativos: conectando el colegio con la vida cotidiana. Se pueden reforzar aprendizajes del aula poniéndolos en práctica en casa. Un niño puede pesar los ingredientes de una receta, pagar en el supermercado, investigar los componentes de una conserva… y ver así, la utilidad de lo aprendido. Aunque hay que tener en cuenta que algunos aprendizajes como la lectura, el cálculo, la gramática… se adquieren practicando.

– Asequibles y coordinados entre el equipo docente para que la cantidad de deberes a lo largo de la semana, sea equilibrada. Facilitando las herramientas necesarias para que el niño pueda hacerlos de manera autónoma. Así el papel de los padres sería se seguimiento y facilitación, lo que no implica hacer los deberes con ellos.

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