¿Por qué es importante vacunarse?

Vacuna-WEBHOY1Por Consuelo Lobelle
Pediatra

Las vacunas son fundamentales para la prevención de enfermedades infectocontagiosas con gran repercusión en la salud de la población. Gracias a las vacunas hay enfermedades de las que hace tiempo no se hablaba, como sarampión, difteria, tos ferina, polio, etc, aunque por desgracia, debido a los movimientos antivacunas, algunas de ellas vuelven a estar “de moda”.

Las vacunas son productos biológicos que sirven para prevenir enfermedades infecciosas activando nuestro organismo para que desarrolle defensas específicas contra ellas, es decir, “enseñan” al sistema inmunológico a defenderse.

Las vacunas contienen uno o varios antígenos que se administran con objeto de producir una reacción controlada, similar a la infección natural, de forma que desarrolle una respuesta inmunitaria que le proteja frente a ulteriores exposiciones al microorganismo contra el que se administra la vacuna. La mayoría de las vacunas necesitan de la administración de varias dosis para que el organismo desarrolle la suficiente respuesta protectora y que además se mantenga en el tiempo.

Tras recibir la vacuna, nuestro organismo produce anticuerpos contra los gérmenes modificados que contiene. Estos anticuerpos nos protegerán frente a los gérmenes verdaderos causantes de la enfermedad, destruyéndolos y haciendo que no enfermemos. Esta forma de reaccionar “aprendida”, nos proporciona inmunidad ante futuros encuentros con el microbio agresor. En ocasiones, el efecto protector de la vacuna se extiende a personas no vacunadas, generando lo que se denomina inmunidad de grupo o de rebaño.

Sin embargo, a pesar de que están claramente demostradas las ventajas de la vacunación, en los últimos años han surgido los denominados grupos antivacunas. En 1998, la publicación de Wakefield en Lancet,  que relacionaba la vacuna del sarampión con la aparición de autismo, causó un gran daño,  a pesar de que su autor fue inhabilitado para el ejercicio de la medicina por la falsedad empleada.

Principales mitos sobre las vacunas:

Mito 1: Las mejores condiciones de higiene y saneamiento harán desaparecer las enfermedades; las vacunas no son necesarias. FALSO, ya que las enfermedades contra las que vacunamos volverían a aparecer si se interrumpieran los programas de vacunación porque las infecciones se pueden propagar independientemente de la higiene.

Mito 2: Las vacunas conllevan algunos efectos secundarios nocivos y de largo plazo que aún no se conocen. Más aún, la vacunación puede ser mortal. FALSO, las vacunas son muy seguras. La mayoría de las reacciones vacunales son generalmente leves y temporales. Los trastornos de salud graves, extremadamente raros, son objeto de seguimiento e investigación. Es más probable padecer un trastorno grave por una enfermedad prevenible mediante vacunación que por una vacuna. Por ejemplo, en el caso de la poliomielitis, la enfermedad puede provocar parálisis; el sarampión puede causar encefalitis y ceguera, y algunas enfermedades prevenibles mediante vacunación pueden ser incluso mortales.

Mito 3: La vacuna combinada contra la difteria, el tétanos y la tos ferina, así como la vacuna antipoliomielítica, pueden provocar el síndrome de muerte súbita del lactante. FALSO, no existe una relación causal entre la administración de las vacunas y la muerte súbita, es sólo casual (por la temporalidad).

Mito 4: Las enfermedades prevenibles mediante vacunación están casi erradicadas en mi país, por lo tanto no hay motivos para que me vacune. FALSO, si bien las enfermedades prevenibles mediante vacunación son actualmente poco comunes en muchos países, los agentes infecciosos que las provocan siguen circulando en algunas partes del mundo. Por ejemplo, a partir de 2005, en Europa occidental se produjeron brotes de sarampión en poblaciones no vacunadas;  el año pasado murió un niño en Alemania por sarampión. Otra muestra de esto es el caso de difteria del niño de Olot…

Mito 5: Las enfermedades de la infancia prevenibles mediante vacunación son algo inevitable en la vida. FALSO, todas estas enfermedades y sufrimientos se pueden prevenir mediante las vacunas. Los niños no vacunados contra estas enfermedades quedan innecesariamente vulnerables.

Mito 6: La administración simultánea de más de una vacuna puede aumentar en los niños el riesgo de efectos secundarios nocivos, que a su vez pueden sobrecargar su sistema inmunitario. FALSO, las pruebas científicas revelan que la administración simultánea de varias vacunas no conlleva ningún efecto secundario sobre el sistema inmunitario del niño. Los niños están expuestos cotidianamente a cientos de sustancias extrañas que desencadenan una respuesta inmunitaria.  Además, la posibilidad de recibir una vacunación combinada, supone menos inyecciones para el niño.

Mito 7: La gripe es solo una molestia y la vacuna no es muy eficaz. FALSO, la gripe es mucho más que una molestia. Las embarazadas, los niños pequeños, los ancianos con problemas de salud y cualquiera que padezca un trastorno crónico, por ejemplo, asma o cardiopatía, corren un alto riesgo de infección grave y muerte. La vacunación de las embarazadas conlleva el beneficio adicional de proteger a sus recién nacidos. Evitar la gripe significa evitar gastos de atención médica y pérdida de ingresos por los días de trabajo o escuela perdidos.

Mito 8: Es mejor la inmunización por la enfermedad que por las vacunas. FALSO, las vacunas interactúan con el sistema inmunitario para producir una respuesta similar a la que produciría la infección natural, pero no causan la enfermedad ni exponen a la persona inmunizada a riesgos de posibles complicaciones. En cambio, el precio de la inmunización por infección natural podría ser el retraso mental provocado por Haemophilus influenzae tipo b (Hib), defectos congénitos debidos a la rubéola, cáncer del hígado derivado del virus de la hepatitis B, o muerte por sarampión.

Mito 9: Las vacunas contienen mercurio, que es peligroso. FALSO, el tiomersal es un compuesto orgánico con mercurio que se añade a algunas vacunas como conservante. Es el conservante más ampliamente utilizado para las vacunas. No hay pruebas científicas que sugieran que la cantidad de tiomersal utilizada en las vacunas entrañe un riesgo. Hoy, ya casi ninguna vacuna lo contiene.

Mito 10: Las vacunas causan autismo. FALSO, según se pudo determinar, el estudio que suscitó inquietud acerca de un posible vínculo entre las vacunas y el autismo contenía graves irregularidades, por lo que la publicación que lo divulgó lo retiró.

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